Como todo virus que se precie de tal‚ ante la imposibilidad de seguir infectando gente con la patológica y patética idea de que hay seres humanos superiores a otros en razón de raza o genero‚ el virus del supremacismo ha debido buscar una forma de mutar‚ y en la política encontró un buen albergue
En su origen‚ el término “supremacistas” se aplicaba a personas de cierta ideología que proclamaba la absoluta superioridad de los blancos por sobre todas las demás razas.
Nótese el uso del adjetivo “blancos” en forma genérica‚ dado que estos sujetos aprovechaban la oportunidad de estar dedicados a degradar a las personas en razón de su raza para poner en la misma bolsa a las mujeres que aun no habían encontrado un modo de ponerlos en caja.
Indudablemente esta “doctrina” tenía un fundamento político y económico‚ al descalificar a los demás‚ estos no formaban parte del poder y por ende no existían respecto del proceso de toma de decisiones que asignaba los recursos de la época.
No se trataba de una situación presente solo en Europa‚ donde los supremacistas argüían que solo los originales de Escandinavia‚ Alemania‚ Inglaterra y Holanda eran parte de tan selecto grupo. En ese entonces se descalificaba como inferiores a los aborígenes en Australia‚ a los indios y negros en Estados Unidos y a los nativos originales en Canadá‚ por citar solo a los países más evolucionados‚ en la mayoría de las demás naciones la situación era indeciblemente peor.
Si bien‚ de todas las estupideces humanas queda siempre algún germen latente capaz de poner nuevamente en acción la infección ante una eventual pérdida global de memoria que reduzca las defensas contra esta clase de especímenes‚ cabe decir que Nelson Mandela en Sudáfrica‚ Barack Obama de los Estados Unidos‚ Evo Morales en Bolivia‚ la gran cantidad de señoras que gobiernan sus países y la adoración masiva que los medios hoy expresan hacia los Chinos como los nuevos chicos superpoderosos‚ han acabado con el poco prestigio que los supremacistas tenían y‚ por supuesto‚ han demostrado que la suma de sus inteligencias era bastante escasa.
Como todo virus que se precie de tal‚ ante la imposibilidad de seguir infectando gente con la patológica y patética idea de que hay seres humanos superiores a otros en razón de raza o genero‚ el virus del supremacismo ha debido buscar una forma de mutar.
Como esta ponzoña carece de vida independiente‚ debe siempre albergarse dentro de un ser vivo para desarrollarse. La elección del sujeto donde alojarse tiene que ver con el estado general del mismo.
O sea‚ el virus del supremacismo ya mutado‚ debe conseguir un cerebro con barreras éticas debilitadas para poder desde el mismo diseminar su veneno y así reconvertirse en factor contaminante de la sociedad.
Ya infectado‚ el supremacista “curado” cambia prontamente a “supremacista político”‚ sub – especie del primero.
Utilizando reglas obtenidas desde la taxonomía‚ podemos decir que el “supremacista político” reconoce su origen en y queda establecido su parentesco con el “supremacista racial”‚ siendo que comparten a la sociedad como el objeto de su toxina‚ muestran adecuados niveles de simetría en su comportamiento y la magnitud del daño que producen es relativamente parecida.
El “supremacista político” cree ser dueño de la razón‚ amo del conocimiento y portador de todas las soluciones. La razones de su ser se elevan sobre el simple poder o la vulgar riqueza‚ busca con todas sus fuerzas el tesoro imaginario del “todo y para siempre” y sueña con alcanzarlo tanto en la fortaleza como en la debilidad.
El “supremacista político” actúa secundado por ectoparásitos que viven en su superficie o cercanía y se alimentan de un poco de su sangre a la que definen como “capital político”‚ tan pronto este escasea buscan con desesperación otro cuerpo donde abrevar.
Pero no hay que equivocarse‚ el supremacista político no existe porque existen los gobernados. Existe a través de la búsqueda del “todo y para siempre” esa es su esperanza tácita y todo lo demás es invisible a sus ojos e imperceptible a sus sentidos.
Enfrente de la horda supremacista se reúnen los opositores –con perdón del exabrupto– quienes revolotean cercando el nido del supremo‚ alborotándolo todo.
La ideología opositora –por lo menos la manifiesta- rechaza el “todo y para siempre” y propone suavemente la necesidad de un cambio que aporte aire fresco y regenere la confianza en el sistema republicano de gobierno‚ incluyendo siempre en sus propuestas la de un “ataque frontal a la corrupción”.
Sin embargo‚ un observador un poco cínico podría afirmar que la “oposición” en realidad se compone de un conjunto limitado de sujetos que quieren el gobierno para sí y en realidad compiten con ese único propósito en mente‚ de modo que ellos podrían ser considerados “supremacistas potenciales”.
El mismo cínico podría afirmar que los “supremacistas potenciales” podrían ser considerados “opositores democráticos” solo si se unieran para crear las condiciones necesarias para impedir no solo la continuidad del “supremacista de turno” sino la propia “supremacía” en sí misma‚ sin importar de parte de quien venga‚ obvio.
Por carácter transitivo‚ es sencillo detectar al “Opositor Democrático” y diferenciarlo del “Supremacista Potencial”. Su búsqueda y su proclama se focaliza en el respeto y mejoramiento de las Instituciones de la sociedad‚ poniendo sus aspiraciones personales en un segundo plano‚ al menos momentáneamente.
La “supremacía” como forma de gobierno llega a continuación de la dictadura y parece constituirse en el puente que hay que transitar para arribar a una forma más pura de democracia‚ pero la “supremacía” no es democracia en estado puro‚ es una forma menor de la misma.
Para mal de los “supremacistas” si no consiguen ser totalmente refrendados en las elecciones deben compartir el poder con los “opositores” cuya tendencia a “acordar” solo se incrementa en igual proporción al propio espíritu “supremacista”‚ salvo en el caso de los genuinos “Opositores Democráticos” los que no dejan de irritar a todo el mundo.
Si la sociedad‚ por obra y gracia de un milagro‚ pudiera crear una barrera cierta e inatacable a la tentación de “ir por todo y para siempre” los supremacistas se evaporarían‚ desaparecerían para siempre.
Y aquí entran en acción los “Ojalateros…”‚ esa mayoría silenciosa que masculla en público y privado “Ojala las cosas fueran distintas”.
Los “Ojalateros” tienen su parte en todo esto‚ a través de su sufragio pueden acabar con toda forma de “supremacía” y disponer el arribo de cualquier nación a su estación final cívica.
No se trata de un hecho utópico‚ ni hay nada quimérico en la posibilidad de que el sistema “supremacista” sea eliminado por un gobierno electo y democrático hasta el tuétano‚ respetuoso a ultranza de las instituciones‚ puede pasar.
Pero como solo las sociedades que saben a dónde quieren llegar‚ llegan a donde ellas quieren‚ habrá que esperar a que los “Ojalateros” decidan que es hora de iluminar la democracia y apagar el supremacismo‚ más allá de las promesas y los beneficios cortos que se pierdan.
El tema de los negocios personales‚ los curros conseguidos ‚ las posiciones intermedias y los beneficios cortos influye más de lo que se piensa‚ el “Ojalatero” es un personaje bastante conservador y tiende a preservar lo logrado. Dicho de otro modo‚ muchas veces trabaja y vota en contra de sus intereses de mediano y largo plazo a los efectos de evitar poner en riesgo sus intereses corrientes.
Obviamente‚ el conjunto “Ojalatero” quiere lo mejor para la sociedad que habita‚ con poco riesgo en la medida de lo posible.
Si el “Supremacista” de turno ofrece algo de estabilidad con poca calidad institucional‚ bienvenido sea. Si el “Supremacista potencial” puede hacer el milagro de restaurar algo de la débil estabilidad perdida‚ aun y cuando huela a complice del denuesto y / o el sustituido‚ vaya y pase.
El “Ojalatero” tarda en estar seguro del “Opositor Democratico” al que comprende poco‚ cosa razonable. Teniendo en cuenta de la poca experiencia habida con los mismos.
Sin embargo‚ las cosas pasan y las sociedades maduran. Naciones como Uruguay‚ Brasil y Chile – entre otras – pudieron emerger y librarse de la asfixia supremacista y dejaron volar a sus “Opositores Democráticos” cosa de la que obviamente no se arrepintieron.
Las experiencias exitosas abundan‚ parece ser que cuando los “Ojalateros” maduran hasta caber cómodamente dentro del pellejo de los “Ciudadanos”‚ los supremacistas desaparecen y la democracia emerge fortalecida‚ para bien de todos.